Menorca
lunes 08 septiembre 2008

Municipio de Es Castell, Menorca

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Es Castell, Menorca
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Durante la segunda ocupación de la isla por parte de los británicos, se decidió trasladar a los habitantes de S’Arraval Nova (núcleo anexo al castell de Sant Felip) a una nueva ubicación. Las calles de Es Castell –bautizada en un primer momento como Georgetown– fueron apareciendo en torno a la plaza de armas que hay conocemos como l’Esplanada. En este centro urbano, los cuarteles revelan los orígenes militares de la localidad aún después de haber cambiado sus usos (el que fue de ingenieros es ahora sede del Museo Militar). La monotonía de grandes volumenes blancos de la arquitectura castrense solo se ve interrumpida por el edificio del Ajuntament, pintado de rojo y con una torre que sobresale de su fachada principal. En este mismo edificio, es interesante la plazoleta interior, con dependencias en su perímetro que fueron utilizadas como mercado de carnes y escuela infantil hasta su recuperación para las funciones administrativas. La misma situación de la iglesia parroquial del Roser, al margen del núcleo central, demuestra cuales eran las prioridadades de quienes diseñaron el pueblo. El templo se empezó a construir en 1777, en estilo neoclásico, pero en su interior destaca un retablo de piedra de ejecución más antigua. En las últimos actuaciones a nivel de obras públicas, Es Castell se ha propuesto rescatar espacios marítimos que habían ido perdiendo su importancia de otros tiempos, como el Moll d’en Pons, Cala Corb o el Moll de l’hospital. Esto corrobora su peso en el urbanismo original, donde las calles principales se dirigìan a la línea de costa y las casas unifamiliares –muchas de ellas siguen en pie– disponían de un amplio jardín con vistas al mar interior del Port de Maó. Hasta ahora, y sin duda seguirá teniéndolo– el protagonismo único de “fachada marítima” lo ostentaba Cales Fonts. El viejo muelle de pescadores fue uno de los primeros espacios de la isla reconvertidos a causa del turismo: bares y restaurants ocupan las cuevas que fueron almacén y refugio y asientan sus terrazas donde antes se reparaban las redes. El bullicio que concita en los meses de verano es notable y no desciende su popularidad ni después de aparecer otros polos de diversión. No podrían hacerle la competencia Cala Pedrera, diminuta, con apenas arena, escondida entre las urbanizaciones de Santa Ana y Sol del Este, o Cala Corb, que se adentra profundamente en el mismo casco urbano. Pero la mejora de todos estos espacios renovará sin duda la imagen de la población.

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