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viernes 08 agosto 2008
Arquitectura en Menorca![]() La arquitectura compone una imagen bastante fiel de la evolución, el crecimiento o la decadencia de un pueblo. Puede ser testigo firme, insobornable, casi siempre inamovible, de su proceder en el pasado, y llegar a convertirse en el notario que registra el día a día sin omisiones trascendentales. En Menorca, las casas, los monumentos, permiten “leer” una trayectoria, el paso o el asentamiento de distintos pueblos y culturas en el territorio: en visitas a los yacimientos prehistóricos o en paseos por las calles de los pueblos, se pueden absorber a través de la arquitectura detalladas lecciones de saber estar y perdurar.Pero además hay aquí una arquitectura muy característica en el medio rural, que empieza en los interminables muretes de piedra, paret seca, que delimitan la propiedad y protegen del viento los cultivos. Dentro de la gran cuadrícula que dibujan, las casitas blancas salpican los verdes del campo o forman racimos alrededor de los pueblos, y han contribuido grandemente a ilustrar el cartel de tipismos con que la isla se anuncia en el exterior. Están hechas con grandes bloques de marès (piedra arenisca) y madera de ullastre (acebuche), los únicos materiales de construcción de que se podía disponer antaño y que habitualmente se encontraban “a pie de obra”. Tienen cubiertas de teja árabe, como primer eslabón de un sistema de recogida que permite almacenar la deseada agua de lluvia en cisternas y aljibes. Tienen hornos para cocer el pan y grandes comedores para acoger a los jornaleros. Se protegen de las inclemencias climatológicas con mínimas aberturas al norte y porxades (porches) al sur. Crecen a medida que crecen los trabajos y las necesidades de las familias que las habitan...Las casas de campo menorquinas son un buen ejemplo de adaptación al medio, aunque algún dia necesitarán certificado de autenticidad. Su destacado protagonismo como aportación del hombre al paisaje ha crecido con la regresión que sufre el sector agrícola. Algunas de gran empaque llevan camino o se han transformado ya en hoteles rurales de gran aceptación. Hay predios, antiguas propiedades de explotación, reconvertidas en fincas de recreo. Hasta el punto que esta amabilidad de las casitas blancas, dotadas de un “jardín extenso” y convenientemente alejadas de contaminaciones, ha seducido a una nueva población de origen urbano que va sustituyendo a sus antiguos moradores. La demanda ha disparado de tal manera los precios de compra, que empieza a ser alto el riesgo de una “rururbanización”, con la propagación del modelo en promociones urbanísticas que no sean más que artificio. ![]() |