Menorca
viernes 29 agosto 2008

Municipio de Alaior, Menorca

Menorca
Alaior, Menorca
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Esta ciudad –como merece ser llamada desde que le concedió el título Alfonso XII– se creó por expreso deseo de otro rey, Jaume II de Mallorca, en el año de 1304, cuando ya existía la parroquia de Santa Eulària y para agrupar física y jurídicamente a los habitantes dispersos por los alrededores. Está documentada la existencia previa en el enclave de una alquería denominada Ihalor, nombre que se suele referenciar como precedente del actual. A lo largo de la historia ha tenido un desarrollo propio, manteniéndose casi siempre al margen de las directrices que intentaban imponer Ciutadella o Maó, conformándose con un tercer puesto tras aquellas, en disputa perpetua por el papel protagonista. Ganó esta independencia que aún defiende con su institución como universitat en el año 1439, título que le garantizó durante más de trescientos años una autonomía de gobierno de tipo municipal. Puede decirse que el turismo entró en la isla por Alaior: la urbanización de Cala’n Porter fue pionera y Son Bou tampoco tardó en convertirse en reclamo de los primeros folletos de agencias de viajes en que aparecía Menorca. Pero esta actividad prioritaria se deja notar poco en el núcleo urbano, quizás porque lo separan de sus urbanizaciones satélite quilómetros de paisaje casi intocado. Dicho sea de paso, los alrededores del pueblo son propicios a excursiones en bicicleta, en especial hacia el norte, donde uno de los puntos a visitar puede ser la ermita de Sant Llorenç de Binixems, tradicional destino de romerías locales. La última ampliación de la carretera general ha ocultado un tanto la imagen que ofrecía, pero el que entra en Alaior llegando desde Maó puede admirar aún la vista «de siempre» de una colina de casas coronada por su templo principal. La iglesia patronal de Santa Eulària domina e impone, construida en la parte más alta del pueblo para provocar respeto y acatamiento, simbólicos o no, al lugar que ocupa u ocupaba en la vida del pueblo. La primera obra data del siglo XIV, pero hubo una reconstrucción en el XVII a la que corresponden los detalles barrocos. Un tanto lúgubre en su interior, deslumbra en cambio por fuera, expuesta al sol que la ilumina, y a los vientos, pero tan sólida y asentada como dan a entender algunos elementos: las curiosas torretas en la fachada principal o los contrafuertes, que refuerzan su aspecto de castillo. Sant Diego, iglesia y convento franciscano, es otro de los edificios notables. Su antiguo claustro, conocido como Pati de la Lluna, tiene una especial belleza, a pesar incluso de su compartimentación en viviendas (y se están dando pasos para su conversión en espacio público de variados usos). En el edificio de Can Salort, de notable solera, radica actualmente una extensión de la UIB, la Universitat de les Illes Balears. Un paseo detenido permitirá conocer, además de lo más obvio e inmediato –las calles que consituyen desde antiguo “el centro”, las más próximas a la Plaça Nova, la calle Major o el Ayuntamiento, con una entrada imponente–, las panorámicas que ofrecen sus límites históricos. Cerca de la iglesia está el Munt de l’Àngel, con la torre-depósito de agua compitiendo con dos antiguos molinos y la plaza repartiéndose entre párking y balcón-mirador, que da al sur y al oeste y, más acá, al barranco troceado en huertos. Precisamente por ese sur se vislumbra un horizonte azul. Sí, desde Alaior se ve el mar. Aún en el noroeste urbano, otra plaza sombreada por los pinos, la de la ermita de Sant Pere, marca la salida al cementerio, con la recta de Es Cós como vía de dirección obligada. En esta pasarela sobre otra pendiente, que hoy mira al polígono industrial, se disputan las corregudes de las fiestas (carreras al galope), lo cual la desquita de ser también el último camino de los alaiorenses. El resalte en los muros de piedra que la flanquean permite al público disponer de una grada elevada para contemplar el juego ecuestre. Aunque el municipio se reconozca ligado a la industria turística, y en segundo lugar a la fabricación de calzado –con marcas de prestigio mundial–, no ha desaparecido su vinculación original con el campo y sus quehaceres. La feria agrícola y ganadera anual, con concursos morfológicos y exhibición de maquinaria, refleja la vitalidad de la industrias de derivados lácteos, ligadas directamente a estos sectores. Los fabricantes de quesos han modernizado la producción y ampliado notablemente sus mercados, y como todas las marcas ofrecen calidades fuera de duda, se hace muy recomendable la compra-souvenir de este producto tan menorquín.

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